Soporta perfectamente largas sequías y fríos intensos, no tolera excesos de agua, le encan ta el Sol, es capaz de adaptarse a casi cualquier terreno y, además, nos ofrece aceitunas. ¿Hay otro símbolo tan poderoso de la cultura mediterránea como el olivo? Quizá por ello se ha convertido en uno de esos árboles que con su sola presencia llenan de nobleza un jardín. O una terraza, porque también se adaptan muy bien a vivir en grandes maceteros.

Si padeces de alergias, olvídate de él, porque el polen de sus flores te hará sufrir, pero si no, no lo dudes. Su tronco rugoso y retorcido, el color verde oscuro de sus hojas, su estatura controlada (no más de cinco metros) y, en fin, su prestancia, lo convierten en un valor seguro para cualquier espacio exterior.